Juan Rulfo

mayo 16, 2008

 

Escogi a Juan Rulfo para dar esta conferencia, porque su obra casi se reduce a dos libritos: Los cuentos de “El llano en llamas” y la novela “Pedro Paramo”.

“Este va a estar mas facil que Borges o Cortazar. Este nomas tiene dos libros, con este me leo de volada la obra completa”. Eso dije cuando lo escogi. La verdad es que me meti en camisa de once varas cuando elegi conferenciar sobre uno de los mas extranos escritores de la Literatura Hispanoamericana contemporanea. Fue como si quisiera desenraizar una de esas plantas espinosas del desierto, que se ven todas escualidas y resecas, pero que tienen unas raices desparramadas y bien hundidas en la tierra.

– Dicen que era muy mentiroso.

– Si, Flora, una vez lei algo sobre eso. No tienes material sobre el: articulos, resenas?

– Por ahi ha de haber algo, deja te lo busco.

Mientras tanto empece a releer algunos cuentos de “El llano en llamas”, publicados en una antologia personal, seleccion hecha por el autor. Luego saque de la biblioteca Juarez otra edicion, titulada “Obra completa”, con una presentacion escrita por Rulfo donde escribe que se volvio loco por leer mucho desde chiquito.

Ya encarrerado, termine por sacar un libro del tamano de un adobe,  titulado “Toda la obra”, una edicion critica compilada por Claudio Fell. Pareciera que los editores se esfuerzan por sacar libros cada vez mas completos sobre Rulfo.

– Oye Rael, fijate que voy a dar la conferencia sobre Rulfo.

– Consiguete los cuadernos,  ahi esta todo lo que el bato penso.

– ¿Los tienes?

– No. Los tenia pero quien sabe donde quedaron.

Y yo con una semana para dar la conferencia.

Quise conseguir “Aire de las colinas”, un libro editado hace apenas uno o dos anos, que reune las cartas que Rulfo le escribio a su esposa Clara. “Ese libro no ha de estar muy comentado” me dije. No estaba en ninguna libreria de la ciudad.

-Hace poco dieron un curso sobre Rulfo – me dijo Rael – y lo tenemos varios de aqui.

– ¡Futa! Ya todo mundo ha de ser experto en Rulfo y yo batallando.

– Ja, ja, ja. ¡Voy a ir a tu conferencia!

Canijo Rael.

“Total, mejor nomas me clavo en la estructura narrativa de Pedro Paramo, y de eso doy la conferencia”, me dije. Entonces Joaquin me presto un libro dedicado por entero al analisis estructural de nomas un cuentito de “El llano en llamas”, hecho en base a los métodos ideados por Roland Barthes. Y yo que queria analizar Pedro Paramo. Dice este librito que la narrativa de Rulfo es circular, yo creo que en Rulfo las palabras son como piedras vistas a diferentes horas del dia (o como el perro de Funes, el memorioso), una piedra diferente, segun el momento en que se le contemple. Por eso el vocabulario de sus historias es sencillo y reiterativo. La simple repeticion, al dejar de transmitir otra cosa que a si misma, comienza a transmitir el paso del tiempo, el tic tac que revela los contornos de la conciencia:

 

La idea de ir a Talpa salió de mi hermano Tanilo. A él se le ocurrió primero que a nadie. Desde hacía años que estaba pidiendo que lo llevaran. Desde hacía años. Desde aquel día en que amaneció con unas ampollas moradas repartidas en los brazos y las piernas. Cuando después las ampollas se le convirtieron en llagas por donde no salía nada de sangre y sí una cosa amarilla como goma de copal que destilaba agua espesa. Desde entonces me acuerdo muy bien que nos dijo cuánto miedo sentía de no tener ya remedio. Para eso quería ir a ver a la Virgen de Talpa; para que Ella con su mirada le curara sus llagas. Aunque sabía que Talpa estaba lejos y que tendríamos que caminar mucho debajo del sol de los días y del frío de las noches de marzo, así y todo quería ir. La Virgencita le daría el remedio para aliviarse de aquellas cosas que nunca se secaban. Ella sabía hacer eso: lavar las cosas, ponerlo todo nuevo de nueva cuenta como un campo recién llovido. Ya allí, frente a Ella, se acabarían sus males; nada le dolería ni le volvería a doler más. Eso pensaba él. (Talpa)

 

¿Por donde abordar a Juan Rulfo y su obra? El libro adobe incluia un chorro de articulos escritos por tipos como Carlos Fuentes, Elena Poniatowska, Julio Ortega y una larga lista de otros estudiosos que exploraban las dimensiones míticas, sociales, antropológicas, etc. y etc. en su obra.

En la prepa me dio a leer a Rulfo una maestra de literatura a la que le brillaban los ojos cada vez que hablaba sobre él. Y ese mismo año, en 1986, que se muere el viejo. Se puso muy triste mi maestra. En ese entonces me parecieron libros muy aburridos y grises. A la fecha los he releido unas cuatro veces y cada vez me parecen diferentes, como si fueran mágicos y se transformaran cuando no los veo.

 

Dicen que son libros de “Realismo Mágico”; yo creo que ubicados desde el interior de la conciencia popular testificada por Rulfo, el absurdo de la otredad se presenta bajo la forma del nacionalismo mítico:

 

—Eres bueno para eso de la memoria Melitón, no cabe duda. Sí fue ésa. Y el gobernador nomás reía; pidió saber dónde estaba el cuarto de baño. Luego se sentó nuevamente en su lugar, olió los claveles que estaban sobre la mesa. Miraba a los que cantaban, y movía la cabeza, llevando el compás, sonriendo. No cabe duda que se sentía feliz porque su pueblo era feliz, hasta se le podía adivinar el pensamiento. Y a la hora de los discursos se paró uno de sus acompañantes, que tenía la cara alzada un poco borneada a la izquierda. Y habló. Y no cabe duda de que se las traía. Hablo de Juárez, que nosotros teníamos levantado en la plaza, y hasta entonces supimos que era la estatua de Juárez, pues nunca nadie nos había podido decir quién era el individuo que estaba encaramado en el monumento aquel. Siempre creímos que podía ser Hidalgo o Morelos Venustiano Carranza, porque en cada aniversario de cualquiera de ellos, allí les hacíamos su función. Hasta que el catrincito aquel nos vino a decir que se trataba de don Benito Juárez. ¡Y las cosas que dijo! , ¿No es verdad, Melitón? Tú que tienes tan buena memoria te has de acordar bien de lo que recitó aquel fulano. (El día del derrumbe.)

Ubicados desde la apreciación estética institucional que le otorgó los reconocimientos en la cultura nacional, el paradigma de la otredad elaborado por Rulfo, recibe el nombre de “Realismo Mágico”. Logró venderle el traje invisible al Rey.

 

Según Carlos Fuentes, Pedro Páramo se inscribe en el tiempo del mito y lo emparenta con Ulises, y otros.

 

Y en 1970 gana el Premio Nacional de Literatura, despues en 1980, 6 años antes de su muerte es nombrado miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

 

¿De qué escribió Rulfo? Sobre la vida rural de Jalisco; él dijo que sólo hay tres temas: amor, vida y muerte. Y él desarrolló estos temas con la brutalidad pacífica de una narrativa que evita preocuparse por distinguir entre muerte y vida, que sólo atiende al tiempo construido por las presencias en discurso, hacia una identidad que – paradójicamente – rebasa sus propios límites regionales en el acto de la representación. Rulfo palpa y tensa el nudo engarruñado con que estamos amarrados a la vida, muchos de sus personajes se la pasan sobreviviendo:

 

-¡Diles que no me maten, Justino! Anda, vete a decirles eso. Que por caridad. Así diles. Diles que lo hagan por caridad. -No puedo. Hay allí un sargento que no quiere oír hablar nada de ti.

-Haz que te oiga. Date tus mañas y dile que para sustos ya ha estado bueno. Dile que lo haga por caridad de Dios.

-No se trata de sustos. Parece que te van a matar de a de veras. Y yo ya no quiero volver allá.

-Anda otra vez. Solamente otra vez, a ver qué consigues.

-No. No tengo ganas de eso, yo soy tu hijo. Y si voy mucho con ellos, acabarán por saber quién soy y les dará por afusilarme a mí también. Es mejor dejar las cosas de este tamaño.

-Anda, Justino. Diles que tengan tantita lástima de mí. Nomás eso diles.

Justino apretó los dientes y movió la cabeza diciendo:

-No.

Y siguió sacudiendo la cabeza durante mucho rato.

Justino se levantó de la pila de piedras en que estaba sentado y caminó hasta la puerta del corral. Luego se dio vuelta para decir:

-Voy, pues. Pero si de perdida me afusilan a mí también, ¿quién cuidará de mi mujer y de los hijos?

-La Providencia, Justino. Ella se encargará de ellos. Ocúpate de ir allá y ver qué cosas haces por mí. Eso es lo que urge.

(Diles que no me maten. )

 

Después, en Pedro Páramo, mediante la más sorprendente prestidigitación literaria, va desatando ese nudo y nos deja con la incógnita de un hilo que pasa por nuestras manos y cuyos extremos se pierden en la eternidad. En esta novela, las voces narrativas están entretejidas bajo el algoritmo recursivo de la fenomenología consciente, generando un fractal de escenas que cuentan la historia del cacique Pedro Páramo en el escenario de la región llamada Comala. La novela es un trayecto posible en el inconsciente colectivo, vinculando las escenas por medio de recursos trancisionales que la organizan a manera de hipertexto:

– Iré. Iré después.

Gotas.

 

El ambiente de la narración de Pedro Paramo es un laberinto sobrenatural de voces, recuerdos e imágenes; cuya complejidad técnica se ve anunciada ya en algunos cuentos de “El llano en llamas”, tales como “El hombre” y “La cuesta de las comadres”.

 

Precisamente el autor comienza su carrera literaria publicando por separado los cuentos que después compilaría como “El llano en llamas”. Igualmente, “Pedro Páramo” también lo comenzó a publicar por partes en 1954. Otras de sus facetas creativas fueron el guionismo para cine y la fotografía; en esta última le veo un lado luminoso – por asi decirlo – en la pura contemplacion de la Presencia; son fotos sin adjetivos; tal como sus escritos.

 

En fin, el tipo sigue dando de qué hablar y eso que dicen que era muy callado y elusivo. Así que no les va a faltar de dónde agarrarse a aquéllos que quieran profundizar en el conocimiento de su obra. A mi me da güeva escribir sobre literatura, creo que si Rulfo hubiera descubierto otra manera de explicar mejor lo que quiso decir con sus libros, pues hubiera escrito de esa otra manera, en ensayos, artículos, qué sé yo. Para mí la literatura se deriva de una forma de conocimiento que ha desarrollado su propio medio de transmisión en ella. Si no me creen, pregúntenselo a Pedro Páramo.

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