EL PROFETA
Vagaba a tientas por un desierto tenebroso.
Mi espíritu sediento padecía.
En una encrucijada apareció de pronto un alado serafín.
Con dedos leves como un sueño mis párpados tocó.
Entonces se abrieron proféticos mis ojos
cual los ojos de un águila en peligro.
Rozó mis orejas; se llenaron de sonidos y de clamores:
oí las vibraciones del éter, oí el vuelo de los ángeles,
el deslizarse de los peces bajo el mar,
y el crecer silencioso de la vid.
Me apartó los labios, me arrancó la lengua
maliciosa, locuaz y pecadora;
con su mano ensangrentada
puso entre mis yertos labios
bífida lengua llena de sabiduría.
Hendió mi pecho con su espada,
sacó mi palpitante corazón
y una ascua ardiente me incrustó en la herida.
Exánime yacía sobre el páramo
cuando la voz de Dios me despertó:
“Levántate, Profeta, abre tus ojos, tus oídos,
y a través de mares y tierras,
que tu verbo abrase el corazón de los pueblos”.
LA ROSA ENFERMA
¡Oh rosa, estás enferma!
El gusano invisible
que vuela en la noche,
en la tormenta aullante,
Ha encontrado tu lecho
de alegría carmesí,
y su secreto amor oscuro
destruye tu vida.
William Blake
Versión de Homero Aridjis+
FELICES LOS NORMALES
http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=ver_poema1.php&pid=10109
Roberto Fernández Retamar
A Antonia Eiriz
Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,
Los que no han sido calcinados por un amor devorante,
Los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más,
Los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros,
Los satisfechos, los gordos, los lindos,
Los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,
Los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura,
Los flautistas acompañados por ratones,
Los vendedores y sus compradores,
Los caballeros ligeramente sobrehumanos,
Los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos,
Los delicados, los sensatos, los finos,
Los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.
Felices las aves, el estiércol, las piedras.
Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,
Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
Y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos
Que sus padres y más delincuentes que sus hijos
Y más devorados por amores calcinantes.
Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.